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“CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO……”

Como es sabido, el matrimonio civil no es reconocido como válido por las normas canónicas de la Iglesia Católica. Todos aquéllos que contraigan nupcias sin celebrar la correspondiente ceremonia religiosa, “viven en concubinato” (palabro que, en lenguaje clerical, viene a significar que se vive en adulterio, en “pecado” ).

Los que contraen matrimonio religioso [previa inscripción del “matrimonio civil” , exigido por el Código], podrán desde luego divorciarse, pero este rompimiento no tiene ningún efecto canónico. Los cónyuges siguen casados “ante la Iglesia” , y, dado que, de acuerdo con los “libros canónicos” , el Vaticano es la Entidad apoderada por “Dios” , supongo que “vivirán en pecado mortal” .

Toda esta parafernalia de formalismos y anatemas condenatorios, forma parte de las presiones ideológicas que se ejercen desde hace siglos sobre las personas que aceptan su pertenencia al catolicismo, pero también sobre aquell@s que desean estár fuera de su influencia o que lo rechazan . Durante cerca de cuarenta años, todos los ciudadanos y ciudadanas del Estado estaban obligad@s con carácter general “a casarse por la Iglesia” , el divorcio estaba prohibido, los hijos podían ser legítimos o ilegítimos , lo que conllevaba a su vez serias y graves discriminaciones jurídicas a efectos, por ejemplo, de la herencia.

España fue durante muchísimos años la punta de lanza del catolicismo más ultramontano. La Iglesia ejercía un poder omnímodo en el campo educativo y los niños y las niñas (cada cual por su lado, no se fueran a contaminar) ibamos muchas veces a misa encuadrados en filas cuasimilitares, a soportar, nos gustara o no, discursos apocalípticos sobre el infierno, el pecado (sobre todo el de la carne), la culpa y el arrepentimiento. Naturalmente ese status privilegiado estaba respaldado sin fisuras por un régimen dictatorial. La Iglesia bendijo a Franco, igual que Pio XII sembró agua bendita sobre las tropas fascistas italianas que marchaban a matar “indígenas” en Etiopía y Libia.

Me van a permitir, por una vez, que formule un discurso “extremista”, políticamente incorrecto . Algunos, no se cuántos porque nosotros no contabilizamos nuestras áreas de influencia, somos no creyentes, me atrevo a decir radicalmente no creyentes. Esta actitud no nos impide ser escrupulosamente respetuosos con los que sí lo son. Todo el mundo tiene pleno derecho a optar por una concepción del mundo. Pero ¿cuánt@s ate@s han tenido que soportar durante años esa especie de tolerancia estúpida, en la que eramos visto [y todavía queda algo de esto] como gente incompleta ?

Hemos sido hasta ahora tolerados a regañadientes, a pesar de que, por regla general, no hemos ido por ahí a difundir propaganda antirreligiosa. Al contrario, en la vida cotidiana nos caracteriza una actitud de miramiento y cortesía, que se ha venido a transformar en una especie de ley no escrita, que nos dice que evitemos el escándalo de polemizar en cuestiones de creencias religiosas. Pero basta ya de esto. ¿Dónde está escrita la norma de que la Iglesia es intocable? Porque la cuestión no es ya creer o no creer, el tema está en si debemos aceptar mansamente las insólitas pretensiones de “los curas” , de intervenir a saco en las reglas jurídicas civiles.

¿Qué es esto de que la jerarquía eclesiástica [y sus adláteres], que desprecia frontalmente el matrimonio civil, tenga la osadía de entrometerse en las leyes del Estado sobre esta materia? ¿No quedamos en que el matrimonio civil no existe para la Iglesia ? ¿Acaso el matrimonio entre homosexuales o lesbianas no es, también, un matrimonio civil ? ¿Es que la legislación civil va a impedirle a cualquier creyente a contraer matrimonio según los cánones de su religión?

Detrás de todas estas pancartas merodea francamente una cierta idea de la familia, de las relaciones filiales y de la moral……. católica, apostólica y romana . Una moral tan respetable como otra cualquiera............ a condición de que no se pretenda imponer por coerción a los demás . Aquí he de decir, con todo el respeto del mundo, que la familia, las relaciones filiales y la moral católica son cosas que dejo tranquilamente a disposición de los que están dispuest@s a soportarlas. Ni por asomo se me ocurriría planificar movilizaciones sociales para combatirlas, aún siendo consciente de que, me parece, perjudican a la gente.

Esta Iglesia que considera a la mujer como un ser inferior [hasta el punto de declarar, en un Concilio, sus dudas sobre la existencia del alma en las féminas], que condena las relaciones sexuales en general, que estigmatiza a las madres solteras , que discrimina socialmente a los hijos habidos fuera del matrimonio, que reprueba la homosexualidad como pecado nefando , que históricamente viene combatiendo el avance de la ciencia (Galileo, Darwin….y tantos otros), sigue mostrando cabezonamente una pretensiosa prepotencia sobre la Verdad (con mayúsculas) que, obviamente, sólo le pertenece a ella, y los demás estamos obligados, a su parecer, a pasar por las horcas caudinas de esa verdad (esta vez con minúsculas) más que cuestionable.

Esta Iglesia que, cuando disponía de ese poder, mandaba a la hoguera a los que no pensaban como ella; que viene siendo fuente inagotable de toda clase de superticiones y basuras mentales, que sembró durante siglos en las tiernas mentes de l@s niñ@s la culpa, la represión, el miedo y la pobreza mental ; que tenía y tiene, una lista interminable de libros prohibidos , que muchos podemos leer hoy gracias a luchas fortísimas por arrancarle sus parcelas de dominio. Ahora, tal vez para demostrarnos que aun siguen en el machito, continúan pontificando (nunca mejor dicho) y llamando a sus huestes para tratar de impedir el ejercicio de un derecho que, afortunadamente, ya es francamente reconocido como natural por cada vez más sociedades civilizadas: el derecho de los homosexuales y lesbianas a obtener el reconocimiento civil de su unión matrimonial. Esa condena de una forma de matrimonio laico, que, como todo matrimonio civil, es “pecaminoso” si no lo bendice un cura, es un verdadero escándalo de la inteligencia .

¿Qué nos quieren seguir vendiendo la estupidez de que el “matrimonio heterosexual” es, por definición, moralmente sano? ¿Cuántos cientos de miles de violaciones de niños y niñas vienen siendo perpetradas en el seno de esa “sana unión heterosexual” ? ¿Cuántas palizas, homicidios y asesinatos de mujeres, en matrimonios heteros? ¿Cuántas frustraciones sexuales, sometimiento de la mujer, desconocimiento del placer sexual sano, en el seno de ese tipo de matrimonio controlado por los confesonarios? ¿Qué tontería es esa de que en los matrimonios homosexuales corre peligro la identidad sexual de l@s hij@s, adoptiv@s o no? ¿Cómo explican estos pontífices de la verdad el hecho cierto de que la homosexualidad o el lesbianismo han venido apareciendo hasta ahora en el seno de matrimonios o uniones heterosexuales? El miedo a la homosexualidad (una opción sexual tan sana como otra cualquiera que respete al Otro), en el fondo, sólo es una de las tantas expresiones del miedo a la libertad.

Pero hay algo más: el Vaticano viene teniendo un control social que se le escapa a ojos vista. Además de en las escuelas (ya se sabe, los niños viven el momento ideal para inculcarles creencias, por absurdas que sean), los curas intervienen en el nacimiento, la unión matrimonial y el fallecimiento, tres momentos también cruciales en la vida de la gente. No pueden tolerar perder esa influencia directa, esa pérdida de poder. De ahí el histerismo de algunos prelados, que han acabado perdiendo el respeto y la discreción.

¡Cuánta razón tenían Emilio Zola y Pérez Galdós! ¡Tanta Familia católica (que, a lo mejor, reza unida mientras en la trastienda se reprimen el odio y el amor real entre esposos, hermanos, padres e hijos, etc) tanta hipocresía, tanto amor fraterno empedrado de limosnas insignificantes y consejos a los pobres para que acepten la voluntad de Dios, tantos abusos físicos y lavados cerebrales, tanta muerte (culturas enteras masacradas al tajo de una espantosa cruz de doble filo), tanta represión, tanta miseria moral (¿dejamos el asunto de la pederastía de los curas?) regada con agua bendita!

En fin, anticlerical hasta la médula.

Julio – 2005

Sergio Hernández Ibrahim

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