
Por: Jaime Bethencourt Rodríguez
Delegado de Intersindical Canaria
Contacto para Sugerencias:

|
Hay ocasiones en las que el animal desplaza y sustituye al humano ante la evidencia de la pérdida en la persona de la dignidad y los sentimientos que un día les otorgó la creación.
Más allá del encasillamiento del monstruoso suceso en la fría estadística de “violencia de género”, las circunstancias habidas en el asesinato y muerte de Isabel Canino, impone la reflexión si es este un acto individualizado solo imputable al desalmado e innombrable asesino, o si de algún modo este escalofriante suceso se larvó en la canícula de una sociedad que camina hacia la ciénaga y comienza a regirse por unos despreciables cánones de violencia, intolerancia, pérdida de referentes morales y un perverso y miserable sentido de la propiedad de la pareja, llevado a sus más infames extremos.
Los sentimientos de dolor, estupor e ira contenida ante la sobrecogedora aparición del cuerpo inerte de Isabel, siguen dibujándose en los rostros de la gente de bien de amplios sectores de nuestra sociedad que se resisten a que hechos como este puedan llegar a formar parte de lo cotidiano.
Decía alguien que la muerte no nos roba los seres queridos, sino que al contrario nos lo guarda e inmortaliza en el recuerdo. Esta reflexión, válida y oportuna ahora que Isabel ya ha extendido sus alas para, libre, volar hacia el estrellado firmamento, nos hace también albergar la esperanza de que su sacrificio no fue en vano y aproximarnos a la certeza de que estremecedores hechos como los en estas fechas vividos no volverán a avergonzar a la condición humana.
Hacemos votos para que la angustia y desolación sufrida por la familia de Isabel, por sus amigos y compañeros de Intersindical Canaria, quede al menos parcialmente enjugada con el sentimiento de solidaridad, multitudinariamente expresado en todas estas aciagas jornadas de la primavera.
Descanse en paz nuestra Isabel. |