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La huelga general griega

Por: Rafael Morales

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El acontecimiento político europeo más importante del mes de marzo fue, probablemente, la huelga general que sacudió a Grecia. La tercera en cuatro meses. Las calles de Atenas contemplaron la mayor manifestación de los últimos treinta años. El país quedó paralizado durante 24 horas en protesta contra la reforma del sistema de pensiones que pretende aplicar el gobierno de Nueva Democracia, encabezado por el primer ministro conservador Costas Caramanlis. El proyecto gubernamental quedó aprobado con el voto de apenas 151 diputados de los 300 que componen el Parlamento, pero la movilización crea una crisis de calado, no sólo por la caída de la popularidad de Nueva Democracia sino, además, porque igual suerte está corriendo la oposición parlamentaria encarnada por los socialdemócratas del PASOK. Syriza (coalición de la izquierda radical), en cambio, es el único grupo parlamentario que cosecha un aumento de 13 puntos según las encuestas, pasando del 5% en las elecciones del pasado septiembre al 18% actual. ¿Motivo? Seguramente, por su actividad en defensa de las pensiones.

¿Qué pretende esta ley de Caramanlis? Lo mismo que los planes de Nicolas Sarkozy en Francia y de otros líderes europeos ligados a la política de recortes neoliberales contra las conquistas sociales de los trabajadores. Según el argumento conservador, el sistema social quebrará dentro de 15 años si no se aumenta la edad de la jubilación. Esto significa que habrá que trabajar varios años más, hasta cinco, para tener derecho a la pensión. La ley ofrece incentivos para que los empleados se jubilen más tarde. Se trata además, como cabe intuir, de fomentar los planes de pensiones privados.

La respuesta popular a la convocatoria de la huelga general en contra de esas pretensiones empujó al grupo parlamentario de Syriza a organizar una campaña nacional para reclamar un referéndum sobre esta nueva catástrofe que amenaza a los trabajadores griegos llamada nueva ley de pensiones. Como el Parlamento rechazará esta iniciativa, diversos sindicatos están recogiendo firmas para imponerla y preparando más huelgas y movilizaciones con el mismo objetivo. Caramanlis lo tiene crudo no sólo porque ya perdió la batalla social en las calles sino también por el golpe político recibido. Dos reflexiones para terminar. Una, el neoliberalismo sigue encontrando en los trabajadores un obstáculo para aplicar sus medidas salvajes, en contra de lo sostenido por derechistas interesados e izquierdistas cansados. Dos, los sindicatos europeos deberían preparar iniciativas conjuntas porque los golpes son los mismos contra todos, aunque el sistema los reparta por países y escalonadamente.