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Por: Rafael Morales
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Fue mucho más que una revuelta estudiantil y la huelga general francesa que conmovió a Europa. La ofensiva del Tet vietnamita, la Primavera de Praga, el asesinato de Luther King, las movilizaciones en Washington, México, Varsovia, Turín, Tokio, Berlín, Atenas. También en este caso pretenden arrebatarnos la memoria, cortar el cordón que nos une a nuestra propia historia como otra forma más de apagar hoy y en todas partes cualquier conato de rebeldía. La vanguardia de esta operación quirúrgica, un verdadero lavado de cerebro mediático, corresponde a Nicolas Sarkozy, quien basa su política neoliberal en la guerra ideológica contra los avances y el espíritu de mayo del 68. Ninguna gracia le hizo entonces lemas como “ahorcar al último capitalista con las tripas del último burócrata” o el más conocido “prohibido prohibir”.
Otros optan por el silencio. O recurren al destino hacia la derecha sufrido por protagonistas de aquel Barrio Latino como prueba de fracaso o la desilusión de tantos que esperaban asaltar el cielo y apenas les quedó un acuerdo sobre el salario mínimo tras la huelga general francesa, así como recuerdos juveniles. Extremistas hay para quienes no pasó absolutamente nada. Ni siquiera comprenden que entonces las barricadas lograron la recuperación de la solidaridad internacional, abrieron las compuertas hacia la agonía de la familia patriarcal, la recuperación relativa de la confianza de los obreros franceses en sus propias fuerzas, la aparición de nuevas corrientes políticas, el principio del fin de la guerra de Vietnam, la irrupción de la juventud como fuerza de cambio, movimientos de calado en Europa del Este e impulsos notables para el feminismo, el ecologismo y el antimilitarismo posterior. Desconocen las conquistas parciales que suelen ser un producto legítimo (aunque no colmen todas nuestras esperanzas inmediatas) de las movilizaciones revolucionarias, no de la politiquería de reformistas sin reformas.
Menos intentarán establecer la relación real entre aquellas semanas del 68 a lo largo y ancho del mundo con el desarrollo de las movilizaciones obreras y estudiantiles contra el franquismo. Suelen ser los mismos o parientes de quienes ningunean la lucha contra la dictadura porque al fin y al cabo no alcanzamos el socialismo, olvidando tan ricamente que sin aquellas luchas tampoco tendríamos hoy ciertas libertades. “Ni llorar ni reír, comprender”, decía Espinoza, para recuperar fuerzas y continuar el combate. En lugar de darle la espalda a Mayo del 68 como si nada hubiera pasado, conviene recuperar la información y debatir las lecciones que se desprenden de aquellos días extraordinarios. Merece la pena.
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