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Es importante y justo alegrarse cuando, en este mundo signado por la injusticia y la irracionalidad, por una vez, al menos, se impone la dignidad. Hay que estar profundamente agradecidos por la lección que la señora Aminetu Haidar nos ha dado: arriesgando su no solamente por defender sus derechos como persona sino, también, por volver a poner, en los oídos y las bocas del mundo entero, la situación de despojo, injusticia y violación constante de derechos que padece el pueblo saharaui desde que, en 1975, el Estado Marroquí se apropiara ilegítimamente de su territorio.
Porque Aminetu también nos ha probado que luchar tiene sentido y que si ella, con su determinación, ha sido capaz de doblarle el brazo a la prepotencia del tirano que gobierna Marruecos y, asimismo, a la indiferencia cómplice de las potencias mundiales, que legitiman un régimen que no tiene ni la más elemental noción de respeto a los derechos humanos, entre muchos, y entre iguales, podemos torcerle el brazo a la injusticia y a la violencia de los poderosos que rige y gobierna el mundo.
Pero este pequeño triunfo de la dignidad humana no debe hacernos olvidar ni los hechos que se han sucedido ni lo fundamental de la lucha que mueve a Aminetu. Esta batalla ganada contra la ignominia no debe hacernos olvidar la vergonzosa labor que jugó el gobierno de España en este conflicto, ayudando a la expulsión de Haidar, secuestrándola en Lanzarote y tratando, hasta el final, de situar la responsabilidad de la situación exclusivamente en ella, sin condenar lo hecho por Marruecos, ni responsabilizarse por el error, con tintes delictivos, que cometieron contra la activista saharahui. A esto, hay que sumarle la sorprendente pasividad de la Unión Europea, las loas de los gobiernos de Francia y Estados Unidos a Mohamed VI como supuesto paladín de la democracia y los derechos humanos. En síntesis, la realidad de unos líderes mundiales que claramente sobreponen el interés del capital sobre la vida de las personas.
Finalmente, esta lucha continúa porque, aunque Aminetu está ya en su casa, en su país, el Sahara Occidental sigue ocupado por Marruecos y, en las cárceles marroquís, se sigue practicando la tortura contra los presos políticos saharauis. Porque, en Tinduf, hay más de 200.000 refugiados y refugiadas que no tienen el derecho mínimo de pisar su tierra. Porque, en síntesis, poco ha cambiado y nada cambiará si no tomamos conciencia y seguimos el ejemplo de Aminetu para seguir luchando. Porque de nada habrá servido su sacrificio si, una vez que los medios de comunicación sepulten el tema en el olvido con su tradicional alzhéimer informativo, nosotros no continuamos teniendo presente la necesidad de seguir apoyando la lucha del pueblo saharaui. Porque, cuando el Sahara sea libre, el mundo entero será también un poco más libre.
René Behoteguy Chávez.
Para la Secretaría de Comunicación de Intersindical Canaria.
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